El Tiempo

Por Manuel López Blanco*

Manuel López Blanco

Toda cosa se mueve con respecto a otra, o mejor, se alejan o acercan mutuamente. No es posible concebir el movimiento de un punto si no es en referencia a otro punto. Pero si dejamos las abstracciones (puntos) y pasamos al mundo real, es fácil darse cuenta que los fenómenos (objetos) por sus mutuas influencias no sólo se mueven los unos en relación a los otros: (posición), sino que cambian ellos mismos, es decir, se transforman, devienen distintos de lo que eran. Aparece Cronos el gran devorador de hombres y cosas. Las sustancias cualitativamente distintas (organización o estructura material: madera, hierro, músculos, etc.) hacen que el ritmo de esos cambios sea desigual para cada objeto en particular, (velocidad de la luz, desgaste milenario de las montañas, crecimiento de los árboles y nuestro cuerpo, corriente del río, formas de las nubes, propagación del estampido, intensidad de los colores, etc.).

“Donde hay cambio, hay sucesión de fase de un mismo proceso o de procesos concomitantes. Por otra parte la sucesión implica la existencia de intervalos entre los momentos sucesivos. Estos intervalos son más o menos largos; decimos que son más o menos durables…”.

Fraisse P. Psychologie du temps. Pág. 11.

El hombre en su interacción práctica con el mundo, no solo se ha dado cuenta de estos cambios, sino que ha tratado de medirlos, de utilizarlos, de ponerlos a su servicio. Al principio ingenuamente, no muy conciente de lo que hacía, dejándose llevar por los ritmos naturales;

“La masa, la velocidad y el tiempo eran categorías del esfuerzo social antes de que fuera formulada la ley de Newton”.

Munford Lewis. La cultura de las ciudades. Pág. 124.

Hoy, elaborando concientemente sus propios ordenes en la sucesión natural (físicos, químicos, etc.); en la sucesión histórica (políticos, economistas, sociólogos); en la sucesión espiritual (artistas, diseñadores, pensadores, psicólogos), el hombre elabora su propio tiempo, crea ritmos, organiza las sucesiones, ordena los movimientos. Pero no vayamos tan rápido, veamos primero, los procesos mentales por los cuales se toma conciencia del tiempo, y luego sus significaciones históricas.

Los hombres, como seres de la naturaleza participan del movimiento universal, física y químicamente; como seres vivos devienen biológicamente y como seres sociales intervienen en los cambios históricos. Concientes o no de ello, los hombres están en el tiempo y son tiempo a la vez. Pero además de todo esto, los hombres han aprendido a simbolizar, es decir, a construir y transmitir un mundo mental.

Esta interioridad (ideas, sentimientos, deseos, sueños, etc.), si bien es condicionada por el medio ambiente, posee, como vimos anteriormente, una cierta independencia, ya sea de la conciencia mágica o de la cotidiana (conciencia en sí), hasta la conciencia posible (para sí, para el hombre, o más simplemente, científica). Independencia o dependencia relativa que supone también su propio (relativo) movimiento. Al tratar sicológicamente a la conciencia en su relación con los automatismos y hábitos recalcamos que el pasado -en forma de reflejos, hábitos, costumbres, en fin, la memoria, en general- no se pierde, sino que, por el contrario, ese pasado es conservado, o por lo menos, no se pierde totalmente.

“Así, el recuerdo se comprende solamente si se lo une al tiempo mismo, del cual es la expresión. La memoria es verdaderamente la conciencia del tiempo. La memoria lleva el orden del tiempo. Es el pensamiento según el tiempo, La conservación, en el fondo, sólo se explica por ese pensamiento del tiempo, que al mantener en el presente mediante el juego de las relaciones que la constituyen, el sistema de los estados pasados, ignora el ‘tiempo perdido’ “.

Delacroix H. Los recuerdos. Pág. 442.

Ideas, actos, emociones, símbolos, planes y deseos, individuales o sociales, son guardados en el orden en que se han asimilado, que se han experimentado.

Ese orden mental es un esquema, una imagen, una abstracción, un todo orgánico (sujeto, conciencia) condicionado por el orden real y concreto, (objeto), exterior a esa conciencia.

“El pensamiento oscila entre la identificación de lo diverso y la observación del comportamiento de lo real concreto”.

Delacroix H. La psicología de la razón. Pág. 312.

Ahora bien, cuando la acción presente, -obrar en el mundo- no necesita representarse concientemente ese pasado, bastan y sobran los hábitos, las costumbres y los automatismos. En el hacer automático el orden de los movimientos existe, -ritmos inconcientes- aunque no tengamos conciencia de ellos. Pero cuando esa acción, esa práctica es obstaculizada por alguna resistencia exterior (novedad, dificultad, etc.) los automatismos, la habilidad y el oficio no bastan, entonces se “evoca” ese pasado, se hace conciente, se recuerda, simbólicamente o no, y se la adapta a la nueva circunstancia y por lo tanto se la modifica.

“Gracias a la memoria, podemos construir la sucesión de los cambios pasados y anticipar los cambios por venir. El hombre adquiere así un pasado y un porvenir, es decir, un horizonte temporal respecto al cual su acción presente toma todo su sentido”.

Fraysse P. Psychologie du temps. Pág. 13.

Pero en el recuerdo, las evocaciones no son exactas ni puras, es decir, tal como “fueron” sino como se “presentan” como totalidades, aparecen acompañadas de emociones, valorizaciones, etc., en fin, totalidades complejas, cambiantes, que se suceden unas tras otras, (la durée bergsoniana es tomar conciencia de este devenir psicológico no como un estado detrás de otro, sino como un sucederse o un devenir unitario), en ritmos cambiantes, en totalidades y ordenes distintos: es el “tempo” o mejor, es el tiempo psicológico, no siempre de acuerdo con el tiempo cronológico, objetivo, público, convencionalmente admitido por todos.

Por eso, todo presente psicológico, como totalidad que es, contiene el pasado y presupone el futuro. La percepción del presente conciente de la sucesión o valor del intervalo, es una magnitud, es decir, una medida cualitativa y cuantitativa que presupone un comienzo, un fin, y un intervalo entre ellos. El intervalo se llama duración

“Todo lo que es presente tiende a formar un conjunto. La conciencia aprehende sintéticamente. El análisis sucede a la síntesis y distingue el,wientos, pero opera en el seno de un síntesis previa. Esa percepción simultánea forma un todo, con un centro particularmente claro y regiones desigualmente claras y desigualmente ligadas. Por lo demás, ese conjunto es limitado; así como hay un umbral para las excitaciones, hay un límite para el número de los objetos y para la complejidad de un objeto, más allá de la cual la conciencia no puede abarcar ya la impresión total”.

Delacroix H. Los recuerdos. Pág. 398. 

“Esta percepción (del tiempo) se caracteriza por una integración de estímulos sucesivos que permite aprehenderlas en una relativa simultaneidad: los ritmos o las proposiciones del lenguaje son un ejemplo manifiesto. Esta simultaneidad define el presente psicológico, en el interior del cual nosotros percibimos los caracteres fundamentales de los cambios: el orden de los estímulos y el intervalo que los separa”.

Fraisse Paul. Psychologie du temps. Pág. 12.

El estudiante ya ha visto más detenidamente en Visión y Morfología el problema de los umbrales en la percepción del espacio (conjuntos unitarios, capacidad perceptiva de fa visión unitaria en objetos complejos, composición, etc.); es decir, que está en condiciones de relacionar la percepción del espacio, con nuestro tema: la percepción del tiempo. Sigamos, pues nuestro camino.

Este presente psicológico -estudiado por Feshner- tiene un umbral inferior dado por la capacidad de la reacción fisiológica debajo del cual dos instantes sucesivos aparecen como instantáneos, no hay duración conciente. Y un umbral superior, más allá del cual la percepción no los capta como unidad, sino como elementos separados. Más adelante veremos el uso que Feshner hace de este concepto en su Estética.

Un ejemplo (Feshner) nos aclarará mejor lo que estamos diciendo. Un impacto luminoso en una habitación oscura no desaparece inmediatamente de nuestra conciencia, persiste, disminuyendo poco a poco hasta terminar desapareciendo. Si dos impactos luminosos se producen por debajo del umbral inferior los veremos como un solo impacto; por arriba del umbral superior aparecerán desunidos, sin relación perceptiva. Experiencias parecidas pueden hacerse en su referencia espacial (cantidad de elementos captados en unidad). Pero cuando dos o más impactos caen entre los umbrales inferior y superior (por ejemplo el tic-tac de un reloj, los puntos no muy separados en el espacio, etc.) nuestra conciencia las ordena en unidades inmediatas, presentes. A ese orden en el tiempo se le llama ritmo (repetición de ciertos hechos en la sucesión por analogía, contraste, igualdad, etc.) a esa estructura en el espacio se le llama simetría. Volveremos sobre este tema al tratar la obra de arte.

Por eso puede decirse que el ritmo es en el tiempo lo que la simetría en el espacio; además, si recordamos la unidad espacio-temporal de nuestra percepción, veremos que nuestra conciencia del presente capta ritmos y simetrías a la vez, estructuras espacio-temporales, en fin, formas.

La unidad de los elementos en el espacio (posición) como la unidad de los instantes en el tiempo (sucesión), no depende únicamente de los sentidos fisiológicamente considerados. Y si bien es cierto que están condicionados por el sistema neural, los umbrales máximo y mínimo de la percepción pueden ensancharse y enriquecerse por medio de la práctica, la experiencia y la educación. El presente espacial (o espacio presente de elementos ordenados que duran en unidad de conciencia) depende de la cultura a la que pertenece el individuo y a la educación que ha recibido de ella.

“Esa llamada ilusión óptica es por lo tanto percepción auténtica que, corno toda percepción, no actúa en el espacio puro sino en el espacio-tiempo. Espacio y tiempo sólo son separables cuando volvemos a pensar o recordamos una experiencia pasada, y su distinción es más bien el típico proceso de esa organización o coordinación de las experiencias que llamamos historia. El arte clásico, que se funda en la historicidad de la conciencia, coloca efectivamente la forra a como espacialidad pura y reduce el tiempo al espacio por medio de la perspectiva. La inseparabilidad de espacio y tiempo es en cambio la condición del presente, de la sensación y de la acción que son a su vez inseparables. El arte clásico concebía la forma como estaticidad perfecta (siendo toda estaticidad un pasado, un haber sido) y derivaba de ello la permanencia o la eternidad; el arte moderno sitúa la forma como un movimiento o un devenir, derivando a su vez de ello la provisoriedad o la continua movilidad”.

Argan G. C. Walter Gropius y el Bauhaus. Págs. I34 s.

Pero no siempre la sucesión es captada (ordenada, estructurada) por la percepción inmediata (conciencia del presente). La memoria permite relacionar sucesos que se repiten (ritmos) más allá de nuestro presente: día y noche, invierno y verano, las crecientes de los ríos, épocas de siembre o recolección, meses lunares, mareas, etc., ritmos de la naturaleza que han sido posiblemente las primeras medidas sociales del tiempo; ritmos biológicos: nacimiento, destete, pubertad, menstruación, muerte; los que conjuntamente con los ritmos sociales (días festivos, ritos, días funestos, ceremonias, descansos, etc.) configuraron los primeros calendarios (aztecas, caldeos, egipcios, etc.) y mecanismos cada vez más precisos para medir (cuantificación) esos ritmos: relojes de agua, arena, de sol, de cuerda, atómicos…

“La historia del tiempo se confunde así con la historia del pensamiento humano”.

Fraisse Paul. Psychologie du temps. Pág. 2.

Ahora bien, esa repetición de la naturaleza -humana o telúrica- permitió anticipar, predecir, que no es otra cosa que el comienzo de la conciencia científica, que presupone en la naturaleza a pesar de todos sus cambios y variedades cierta regularidad. Es decir, la memoria individual sostenida primero por las ceremonias, mitos y leyendas.

“Desde el siglo XVII en adelante el reloj doméstico era común en las casas de las clases superiores. Pero mientras que el espacio barroco invitaba al movimiento, al viaje y a la conquista mediante la velocidad…”. “…al tiempo barroco le faltaban dimensiones: era una continuidad de momentos superpuestos. El tiempo no se expresaba como algo acumulativo y continuo, sino como algo discontinuo: dejaba de ser el tiempo característico de la vida”… “Las abstracciones de dinero, la perspectiva espacial y el tiempo mecánico proporcionaron el marco de la nueva vida. La experiencia quedó gradualmente reducida a aquellos elementos que eran capaces de desprenderse del todo y ser medidos por separado: las nomenclaturas convencionales suplantaron a los organismos”… “En el arte, la perspectiva y la anatomía, en la moral, la casuística sistemática de los jesuitas; en la arquitectura, las proporciones fijas de los Cinco Ordenes y en la construcción de ciudades, el plan geométrico minucioso. Estas eran las nuevas formas”.

Munford L. La cultura de las ciudades. Pág. 122.

El pensamiento avanzó, es cierto, a costa del pensar abstracto y lógico, pero se perdió el conjunto, el todo, el organismo, la totalidad viva, contradictoria, en continua transitoriedad. Pero aquella memoria mágica fue posteriormente cimentada por la ciencia (historia) y por fin, hoy, estamos en condiciones de recurrir a la Historia como conciencia de la práctica. Conocimiento de los procesos no solo en un nivel (psicológico, físico, social, artístico, etc.) sino en la totalidad en la que el hombre participa, en la que ya los procesos no se dan linealmente en forma progresiva, sino también como evoluciones y saltos, contradicciones e involuciones, etc.

“El tiempo y su profundidad, me parece ahora, no se agota con los conceptos de evolución, de desenvolvimiento, de disolución, de revolución, de crecimiento o de pérdida y de alejamiento por producto al original. El tiempo y la temporalidad comportan en mi opinión también la involución. Es decir, que la duración (durée), lejos de ser definida solamente como lineal o como cortada por discontinuidad, se desvía también como una línea en volutas o espirales, como una corriente en torbellinos o remolinos, (metáforas que no tienen más que una verdad aproximativa). Se formará en el interior de cada conciencia individual o social las duraciones (durées) interiores a ellas mismas durante un cierto lapso de tiempo, manteniéndose sin que por ello se inmovilice, sin ponerse fuera del tiempo: los momentos. No tomo este nombre en el sentido hegeliano, prestado de la mecánica (el momento de inercia, etc.) y transportado a la historia ascendente de la conciencia, los momentos designan las etapas en esta historia, las figuras’, las articulaciones y pasajes de lo inferior a lo superior. No lo tomo tampoco en el sentido corriente o simplemente psicológico; un ‘momento’ puede extenderse en el tiempo o condensarse, sobre todo si puede volverse, repetirse. Así la vida de la conciencia y del ser conciente reproduce en esta teoría el gran movimiento cósmico que crea los seres distintos y los reproduce sacándolos de su inmenso devenir.

Estos ‘momentos’ deben, en mi opinión, considerarse como esenciales o sustanciales, bien que no definidos sobre el modelo clásico de la sustancia (del ser). No me parecen ni accidentes, ni operaciones de la interioridad (subjetiva), pero … etc.”.

Lefevbre H. La suma y la resta. Tomo I.

La conciencia del tiempo le permite al hombre prever, anticipar, predecir, actuar en el presente para realizar su futuro; estamos hablando ya de la conciencia posible: el futuro (sueños, planes, deseos, ideales, objetivos) forma parte de la existencia humana y es, como su pasado, ocasión y causa de la acción presente. Dicho técnicamente: el pasado y el futuro, son motivaciones (causa, origen, condición) de la conducta humana. Por eso puede hablarse de la dimensión histórica de la personalidad, o de la temporalidad de la conciencia y/o de la historicidad del conocimiento.


*Profesor de Filosofía y Estética de los Departamentos de Plástica, Música y Cinematografía. Progesor de integración Cultural del Departamento de Diseño de la Escuela Superior de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata.

El Tiempo, de “Notas para una introducción a la estética”. Trabajo integrado por los apuntes o notas que dictara Manuel López Blanco como profesor titular de las cátedras de Estética I y II de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina), a partir del año 1960 hasta marzo de 1969, fecha en que falleciera.

Transcripción de texto y digitalización de imágenes por 6notas.com

Publicado el marzo 11, 2015 en Apuntes y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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