Los estereotipos en el arte

Los estereotipos en el arte
Un problema de la educación artística. Los artistas son de Piscis

El bueno y el malo

El malo sonríe, como Gardel, de costado, mientras tiene atrapada a la chica apuntándole una Mágnum en la sien. Sonríe y lanza una carcajada grave, simétrica y tonal al revelar sus oscuras intenciones: destruir Nueva York, dominar el mundo, vengar la muerte de su hermano o liberar una horrible plaga sobre las principales capitales de los países más poderosos. Sonríe incluso en el instante previo a su caída cuando, luego de una rápida maniobra del bueno (aquí Bruce Willis), queda suspendido del brazo de la chica intentando arrastrarla en su último periplo. Es un malo compacto, astuto, perturbado y en este caso terrorista internacional. Hubiera sido un neonazi pelado con monóculo y frases inquietantes del estilo “aoga el mundo segá mío” después de la derrota del Eje. Antes mejicano, ruso durante la guerra fría, centroamericano de barba espesa con la irrupción de Fidel y el Che, musulmán o árabe por estos días. Del otro lado, se le opondrá siempre un policía o ex policía algo borrachín –para acentuar el costado humano– capaz de sobrevivir a abordajes de aviones, de enfrentar a cientos de malos sólo con su coraje e incluso de sobreponerse a compañeros corruptos para acentuar el valor de la determinación individual frente a los flagelos colectivos provocados por el Estado y realizar el gran sueño americano. Regodeado en su sadismo, el malo inevitablemente comete un error fatal que le da chance a su adversario.

 El estereotipo es algo que se reitera y se reproduce sin mayores transformaciones. Se caracteriza por ser un cliché, un lugar común, un esquema fijo que no requiere una participación activa del intérprete sino, por el contrario, apenas demanda su reconocimiento inmediato. El origen del término ligado a la imprenta es claro al respecto: una vez diseñadas  las planchas era posible imprimirlas en serie y sin alteraciones, es decir, permitía estereotipar los textos y reproducirlos sin más.

La naturaleza fija y estable del sistema de impresión se trasladará luego a otras situaciones fundadas en la repetición de una idea banal, frívola o superficial. De ahí que el carácter preconstruido del  stereotipo pueda asumir según el caso una forma lingüística, conceptual, artística, etc., siempre ideológica.

En tanto  convención legalizada mediante el uso social, es indudable que buena parte de la comunicación cotidiana es factible gracias al empleo de formas preconfiguradas, facilitando en cierto modo la relación con el mundo y el diálogo con los demás. Dicho esto, aclaremos desde el inicio que no es éste el sentido –el de los códigos socialmente compartidos– desde el que será abordado el concepto de estereotipo en el texto. Antes bien, interesa especialmente analizar la atribución de connotaciones estáticas, generales y universalizables a elementos o configuraciones, en particular cuando son trasladadas al universo del arte en cualquiera de sus dimensiones.

El estereotipo del artista

Dr. John Nash interpretado por Russell Crowe en Una mente brillante, Ron Howard, 2001

Dr. John Nash interpretado por
Russell Crowe en Una mente
brillante, Ron Howard, 2001

Comencemos por el cine. En su faz comercial, el cine –norteamericano, claro está– consolida su rol de poderosa máquina ideológica con la profusión exacerbada de toda clase de estereotipos. La imagen del científico es uno de ellos. Buenos (quieren salvar al mundo) o malos (quieren dominar el mundo), lo cierto es que los científicos, casi siempre hombres, son retratados como personas con alteraciones psicológicas, solitarias, asociales, obsesivas, distraídas, descuidadas en su higiene y  vestimenta. Las parejas de policías (uno blanco y uno negro, uno de ellos es estricto, el otro es indisciplinado o está suspendido y tiene la oportunidad de reivindicarse, etc.); el detective privado (duro, frío y distante, fuma, toma whisky y jamás olvida su sobretodo y su sombrero);  la mujer fatal3 (mala, malísima, pero imposible escapar a sus encantos).

El empleo del sono y de la música en el cine refuerza los estereotipos visuales: notas agudas puntuales en un marco atonal para la escena de la nenita que juega en su habitación despreocupada del acecho inminente del asesino serial. Notas graves para alertar (al espectador, no a la nenita) sobre la presencia de semejante monstruo. Notas largas producidas por un sintetizador, interrumpidas ligeramente por tres o cuatro sonidos percutidos graves para escenas de alienígenas o seres espaciales desconocidos (que, por cierto, suelen ser verdes, de grandes cabezas…). Ascensos por semitono que indican mayor tensión y
repiqueteos en música “con mucho ritmo” para la inefable e infaltable persecución automovilística de toda película de acción que se precie de tal.

BELINCHE D., CIAFARDO M. – Los estereotipos en el arte 

LA PUERTA. Publicación de Arte y Diseño. Año 3 Número 3. ISSN 1668-7612

 

Publicado el enero 1, 2013 en Artículos y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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